Ridículo
Si hay algo que ya molesta en los viajes cortos de avión, cuando nos movemos por Europa, es el tener que pasar por los detectores metálicos. En Estambul hay que pasar dos veces: para entrar en el aeropuerto y para la sala de embarque.
Es toda una ceremonia de sacar cinturones, relojes, collares, pulseras, paquetes de tabaco, mecheros, monedillas, carteras, bolsos y bolsas, a veces zapatos… ser tocado en las partes, precisamente por alguien del mismo sexo… en fin, todo un rollo.
La súper-desarrollada sociedad moderna puesta en ridículo por cuatro chalados de turbante de las montañas de Afganistán.
Y más patético aun es que siempre vamos de tras de los terroristas. Solo nos acordamos que hay peligro si les vemos primero intentar, y ahí nos acordamos "los líquidos! Verdad, se puede hacer bombas fácilmente con líquidos". Prohibido las botellas de agua, de zumo, de alcohol, de perfumen, de cualquier cosa.
Y lo más triste es que con tanta policía, tanta "seguridad", tanto espía, tanto material, tanto dispositivo, tanto aparato, este sistema no es capaz de saber dónde, cómo y cuando los chalados atentarán en la próxima ocasión.
domingo, 09 de septiembre de 2007 16:57 por
Ricardo Nuno
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